Mi parto… por Jimena Orbezo

Mi parto… por Jimena Orbezo

Es una realidad, el dolor de parto se olvida. Lo que no olvido es que duele muchísimo, aunque en realidad prefiero llamarle sensación y no dolor, así que lo que no olvido es que ha sido la sensación más intensa que he experimentado en mi vida y que jamás imaginé que sería capaz de soportar a ese nivel, pero lo hice ¡Lo logré! Y estoy segura que todas las mujeres sin excepción podemos hacerlo; realmente solo se necesita una cosa, confiar en nosotras mismas, eso fue lo que yo hice, me informé, leí todo lo que pude, confié en la naturaleza, en mi cuerpo y así parí.

Mucho tiempo antes de embarazarme, incluso antes de casarme, sabía que quería tener un parto respetado, en agua y sin intervenciones. Durante mi servicio social en Oaxaca en Nueve Lunas descubrí que había otra manera de parir, muy diferente a lo que nos cuentan o a lo que vemos en las películas o en Discovery home & health. Tuve la oportunidad de tomar un curso básico de Doula y ahí nació mi pasión por el tema. A partir de ahí me dediqué a buscar información, a leer muchísimo y a seguir en redes sociales todo lo que tuviera que ver con parto humanizado.

Mi primer contacto cercano y real con el parto respetado fue con el nacimiento de Valeria, mi ahijada. Cuando Martha se embarazó yo le platiqué todo lo que sabía sobre el tema y ella se dedicó a investigar, se preparó muchísimo y así lo hizo, Valeria nació en agua, después de 24 horas de trabajo de parto que Martha describe de manera increíble en donde jamás oí que hubiera vivido algo feo o causante de traumas, al contrario, fueron momentos hermosos, llenos de amor y de intimidad. De alguna manera yo le había transmitido algo de teoría pero fue como si con su experiencia hubiera comprobado que todo lo que yo sabía acerca del tema era cierto y estaba más segura que nunca que yo así lo quería.

Luego Martha tuvo a Gonzalo en agua, en su casa, yo ya estaba embarazada, así que si alguien me empoderó con sus relatos de partos fue ella, además me dijo algo muy cierto que me ayudó a ver el dolor desde otra perspectiva: “nunca dije que no doliera, pero hay una enorme diferencia entre dolor y sufrimiento y el dolor de parto es un dolor que se disfruta, no se sufre” le estoy y le estaré eternamente agradecida.

Yo no creo en las casualidades y esta historia está llena de cosas maravillosas, una de ellas fue haber encontrado al mejor doctor, Roberto Moreno. Yo ya lo tenía ubicado por una foto que vi en la página de Facebook de Danatal donde está ayudando a una mujer en trabajo de parto con un rebozo para disminuir el dolor, obvio en cuanto lo vi me dediqué a investigar quién era.

Danatal es otro punto clave en mi historia de parto; antes de llegar a Guadalajara a vivir, me puse a investigar qué era lo que había aquí sobre parto humanizado y las encontré a ellas en Facebook y empecé a seguirlas.

Cuando supimos que estaba embarazada lo primero que hice fue hablar para hacer cita con Roberto. De esa consulta, donde pudimos ver a Renata de 3 semanas de vida (5 de embarazo) Johnathan y yo salimos encantados y seguros de que era el doctor indicado, conforme lo fuimos conociendo confirmamos que estábamos en las mejores manos. Roberto es un defensor del parto natural y fisiológico, admira y respeta la naturaleza de la mujer y su capacidad para parir, en este proceso él se convierte en guía y espectador, dejando que la naturaleza fluya sin intervenir innecesariamente. Nos informó y nos preparó con lujo de detalle sobre cada etapa en el embarazo y sobre lo que iba a suceder en el trabajo de parto y en el parto. En cada consulta me sentí atendida con cariño, y sobre todo fui escuchada y respetada en cada decisión.

Confiamos de tal manera en Roberto, que yo sabía que si por algún motivo el nacimiento de Renata terminaba en cesárea, era porque habría agotado primero todos los recursos y que en ese caso se hubiera rescatado todo lo posible de mi plan haciendo una cesárea humanizada.

En Danatal nos anotamos para el curso de preparación para el parto y así fue como conocimos a Diana, Fabi y Nayeli, nuestras doulas. Sobre los temas del curso, yo ya estaba algo informada (quizá demasiado) pero me fascinó haber tomado el curso con Johnathan porque después de cada sesión salíamos con temas nuevos que platicar y sobre los que tomar decisiones importantes para el gran día, además nos acabamos sintiendo súper preparados y confiados para la llegada de nuestra pequeñita.

Durante todo el embarazo, leí mucho y vi muchísimos videos de partos y cada vez me sentía más empoderada, jamás dudé de lo que quería y de cómo lo quería, la gran incógnita era cómo se sentiría, qué pasaría, si todos saldría como lo deseaba, cuánto dolería y cómo le haría para soportarlo, pero aunque parezca loco, moría porque llegara el momento, deseaba sentir esos dolores y saber ya cómo iba a ser el momento por el que tanto me había preparado.

El miércoles 20 de Abril, un día antes de cumplir 39 semanas tuve revisión con Roberto y le dije que las contracciones Braxton Hicks habían aumentado en esos días y vimos en el eco que más de la mitad de la cabeza de Renata ya estaba encajada en mi pelvis así que Roberto nos dijo que era cuestión de días y que seguramente la siguiente vez que nos veríamos sería en el hospital.

El jueves 21 tuve muchas más contracciones así que decidí avisarle a mi mamá que en cualquier momento podría comenzar el trabajo de parto y al día siguiente a primera hora tomó un vuelo hacia Guadalajara. Yo juraba que con la llegada de mi mamá me iba a relajar y con eso empezaría el trabajo de parto, pero no pasó; igual que los días anteriores, seguían las contracciones sin dolor, muchas pero sin avanzar en frecuencia ni ritmo, así que fuimos a distraernos a la calle y caminamos mucho. Lo mismo sucedió sábado, domingo y lunes, tenía contracciones todo el día pero no me dolían y se quitaban en la noche, así que el lunes decidimos que si el martes amanecía igual iríamos al centro joyero y así fue, el martes 26 a las 11 am estábamos en camino al centro cuando empecé sentir una ligera diferencia, ahora si me dolían un poco, en cada contracción sentía un pequeño coliquito así que empecé a estar más consiente de ellas y a fijarme en el reloj, me di cuenta que las tenía cada 10 minutos pero como ya llevaba varios días así, no creí que eso avanzara con rapidez así que me la tomé con tranquilidad y disfrutamos del paseo, comimos en la casa y pasamos una tarde común y corriente sin preocuparme, realmente yo creía que pasaría lo mismo que los días anteriores y que se quitarían en la noche.

Como a las 9 pm vimos un capítulo de nuestra serie del momento, yo estaba sentada en la pelota porque ya no aguantaba mucho tiempo en el sillón y más o menos a las 11 pm nos dimos las buenas noches pensando que si avanzaba, al menos habríamos descansado algo. En fin, no hubo tal descanso porque comencé a tenerlas cada 7 minutos y el dolor apenas había aumentado un poco, así que a las 11:30 con ánimo de no “molestar” a Roberto le envié un mensaje para avisarle que ya habían empezado “las buenas” pero a las 12 pm me di cuenta que no lo había leído, en ese momento yo ya tenía contracciones cada 6 minutos y por supuesto el dolor había aumentado así que le hablé entre una contracción y otra. Yo creo que mi voz le sonó tan fresca que me dijo que intentara dormir y que cuando me despertara por el dolor, le marcara; muy ilusa le hice caso y me acosté pero la siguiente contracción me levantó, la sentí mucho más dolorosa estando acostada, hice otro intento más por descansar pero fue imposible, las siguientes contracciones empezaron a ser más fuertes, yo las controlaba perfecto con respiración y movimiento (recordando todo lo visto en el curso) mientras, Johnathan tomaba la duración y la frecuencia. Los dos esperábamos que comenzara el trabajo de parto activo como la teoría lo marca: 3 contracciones en 10 minutos por 1 hora, pero nunca sucedió, yo dejé de sentir el paso del tiempo, estaba muy confundida hasta que Johnathan me dijo que llevaba 40 minutos con contracciones cada 3-4 minutos, y yo pensé ¿en qué momento sucedió? ¡Si hace un ratito las tenía cada 6! Ahí Johnathan sugirió llamar a Nayeli que es doula y es nuestra vecina, pero le contesté que esperáramos un poco más.

Entre una contracción y otra me daban ganas de hacer pipí así que fui varias veces al baño. Sentía que ya no me daba tiempo de descansar, sólo me daba tiempo de hacer pipí. En una de esas veces, salió el tapón y justo cuando iba saliendo del baño después de ver el tapón, oí y sentí como se rompió la fuente; entonces sí, decidimos despertar a mi mamá y llamar a Nayeli en lo que yo me metía a bañar, creo que eran como las 2:30 am y durante el baño que duró como 5 minutos tuve 3 contracciones y con ellas comencé a vocalizar.

Cuando salí de la regadera ya había llegado Nayeli y empezó a tomar el tiempo de las contracciones, me dijo que me relajara porque faltaba que se estabilizaran (3 en 10 por 1 hora) me acuerdo que ahí me sentí frustrada, la sensación ya era fuertísima y comencé a dudar de mi misma. Luego Nayeli empezó a darse cuenta que no se estabilizarían porque las tenía muy seguidas y se me juntaban 2 contracciones sin descanso, así que me dijo que iba a hablar con Diana para decidir quién iría al hospital conmigo, cuando regresó de esa llamada yo ya sentía ganas de pujar, eran como las 3 am, me dijo que Diana me acompañaría y sugirió que saliéramos a las 4 am para ir con “calma” pero a mí algo me decía que Renata era un poco impaciente y no iba a esperar mucho más, así que les dije que ya me quería ir al hospital.

Quizá ya estaba entrando en la etapa de trance porque ya no podía hablar, solo en mi cabeza pasaban pensamientos “¿cómo lo voy a lograr?” “todavía me falta llegar al hospital y todo el trabajo de parto allá” tampoco me di cuenta en qué momento mi mamá y Johnathan metieron todo al coche y mucho menos volví a preocuparme por avisarle a Roberto y a Diana, gracias a Dios existen los maridos que de eso se encargan ellos.

Salimos de la casa a las 3:30 am. Me fui hincada en la parte de atrás de coche, recargada en unas almohadas y detenida no sé cómo del cinturón, soplando por recomendación de Nayeli para no pujar, pero era inevitable, mi cuerpo me obligaba a pujar con todas mis fuerzas. No sé cómo me pude bajar del coche o avanzar dentro del hospital, lo que sí sé es que se me hizo eterno el camino al cuarto y en cada contracción me recargaba en mi mamá.

De lo siguiente no me acuerdo mucho, sé que llegó primero Diana y tuve una sensación de alivio impresionante, me calmó y buscó dentro de su maleta de Mary Poppins opciones para calmar el dolor, pero yo ya estaba en trance y no me acuerdo mucho, además estuve la mayoría del tiempo con los ojos cerrados, metida en mi misma, como en otra dimensión, llevando cada contracción como si fuera una ola que me arrastraba y cuando era capaz de salir a tomar aire llegaba otra ola y me volvía a sumergir, en ese punto sólo sentía y créanme, sentía más de lo que nunca lo había hecho, concentrada en lo que pasaba dentro de mí y conectándome con Renata, en esos momentos solo ella y yo vivíamos lo mismo, la misma fuerza, entregándonos por completo, dejando a nuestro instinto ser y hacer.

Poco después de Diana, llegó Roberto y dijo que tenía que revisarme; una vez más sin poder comunicarlo, sabía que no era necesario porque ya venía mi bebé, solo pude decirle que no me podría acostar ni sentar, en ese momento estaba parada y recargada en la cama pero Roberto con voz calmada insistió en que me sentiría cómoda sentada en el baño y así me revisó, me dijo que era hora de irnos al agua que estaba con 9 cm de dilatación, me llevaron en silla de ruedas y sin que fuera parte del plan, le pedí a mi mamá que nos acompañara, ya había vivido con la misma intensidad todo el proceso ¿cómo se iba a perder la mejor parte?

Cuando entré en el agua caliente volví a estar consciente del entorno y del exterior, me relajé por completo y dejé de sentir dolor; incluso me costaba sentir cuándo iniciaba una contracción. La naturaleza es tan sabia que en ese rato me dejó descansar un poco después de las horas tan intensas que había pasado. Comencé a fluir con la música, con el movimiento del agua, con mi respiración, con la fuerza de mi cuerpo para empujar, con la naturaleza, con Johnathan que me abrazaba por atrás y con nuestra bebé.

Pasé un buen rato pujando, las primeras veces las sentí de práctica y luego vinieron las buenas en donde se empezó a asomar la cabecita de Renata. Estaba en una postura donde no me sentía tan cómoda pero en la que permanecí como 40 minutos hasta que Roberto sugirió cambiar de posición, así bajé las piernas que estaban recargadas en la tina y me coloqué en cuclillas, como la postura de la diosa en yoga o como diría Diana, en un grand plié en segunda posición. Me sentí tan cómoda que bastaron 2 pujos para que Renata naciera.

Todo ese tiempo en la tina estuvimos en penumbra y cada vez que abría los ojos podía ver a Diana y a mi mamá observarme como quien admira un atardecer en la playa, con rostros tranquilos y las dos me sonreían. Roberto y Franky, nuestro pediatra, respetaban el espacio y esperaban un poquito apartados para que no me sintiera observada pero en cada pujo escuchaba la voz de Roberto dándome ánimos y echándome porras, diciéndome lo bien que lo estaba haciendo.
Escuchaba también la voz de Diana tan pausada y serena dándome instrucciones, esa voz nunca se me va a olvidar porque era la única que entendía.

Johnathan me detenía, me empujaba, me abrazaba y me soportaba. Me decía al oído que ayudara a Renata a nacer y lo decía con tanta firmeza y con tanto amor que gracias a esas palabras saqué la fuerza que jamás imaginé tener para cada pujo.

Y ese momento, en que Roberto sacó a Renata y me la pasó, todo tuvo sentido; el dolor y el cansancio como por arte de magia desaparecieron.

Nunca había sentido tan cerca a Dios como en el momento en que abracé a mi bebé por primera vez.
Me encantó parir. Lo volvería a hacer mil veces más igual. ç
He escuchado algunos relatos de partos respetados, naturales, sin intervenciones y aunque todos son completamente diferentes, hay algo en la que todas coincidimos al platicar nuestra historia: no cambiaríamos nada de lo que vivimos.
Vivir esta experiencia me transformó en lo más profundo de mi ser. Renata llegó al mundo en un ambiente tranquilo, lleno de amor, sin prisas, abrazada y apapachada desde el primer segundo. No solo nació ella, nacimos nosotros como papás, nacimos como familia. Esa imagen de los 3 abrazados la guardaré y atesoraré toda mi vida.
Descubrí en mí una mujer más fuerte de lo que creía que era y agradezco profundamente a los que me apoyaron con mis ideas “hippies y locas”. A Dios por permitirme dar vida y ser testigo de ese milagro todos los días. A mis papás que al principio estaban escépticos y ahora dan testimonio de la maravilla del parto humanizado, a Fabi, Diana y Nayeli por empoderarnos en cada sesión durante el curso, y en especial a Diana, que me dio confianza y fuerza en todo momento durante el parto.

Gracias a Roberto, el mejor doctor y partero, no hay nada que valore más que haber confiado con los ojos cerrados en él, sin dudar nunca en que defendería y respetaría mis deseos. Un doctor ético, con muchísimas más herramientas y conocimientos que la mayoría de los que he conocido pero que tiene la humildad de aceptar la grandeza de la naturaleza, admirarla de tal modo para respetar los tiempos de cada mujer, acompañando y no imponiendo, guiando con sutileza y adaptándose a cada proceso, haciéndolo único cómo única es cada mamá y cada bebé, a pesar de tener muchos partos a la semana y a veces varios al día, le da el protagonismo a quien lo merece en el momento más importante de sus vidas.
Gracias a Franky por recibir con tal cuidado y cariño a Renata y defender el apego inmediato.

Gracias a Johnathan, sin ti jamás lo hubiera logrado. Gracias por aceptar mis locuras y abrirte a ellas, por informarte y empoderarme. Gracias por darme fuerza y soportarme física y emocionalmente en todo momento. Gracias por ser el mejor esposo y el mejor papá y por haberte aventurado conmigo en esto de darle a Renata la bienvenida al mundo como lo queremos para ella, lleno de paz y de amor.
Y sobre todo gracias Renata por ser mi motivo, gracias porque soy tu mamá.

Renata nació el 27 de Abril del 2016 a las 5:50 am

Jimena Orbezo

Experiencia de nacimiento Ale Pérez y Manuel Méndez

Experiencia de nacimiento Ale Pérez y Manuel Méndez

Hace 7 semanas me convertí en mamá.

Cuando nos enteramos fue un momento de muchas emociones mezcladas, tengo que aceptar que aparte de estar muy feliz estaba también muy preocupada, ya que creía que no sabía nada acerca de tener un bebé, desde el parto hasta los cuidados básicos. Así que hice lo que estaba en mis manos; documentarme, asistir a pláticas e inscribirme a un curso psicoprofiláctico.
En su momento estaba con otro ginecólogo, que no me daba la información que buscaba acerca del parto natural, que al preguntarle si me recomendaba los cursos me decía «pues como tú quieras, no son necesarios» y usaba frases como «¿ah entonces te vas a lanzar por el parto natural?» o «Sí, sí, ya sé que lo quieres natural» yo ya no me sentía segura y todo cambió al asistir a la plática en Danatal sobre Parto Humanizado, escuchar a expertos hablando de partos, de la capacidad que tenemos las mujeres de dar a luz de manera instintiva, de nuestra flexibilidad en nuestras caderas y de los miles de mitos que surgen al rededor de un parto, de las cesáreas innecesarias y de lo importante de los cursos psicoprofilácticos así como el acompañamiento de una doula.
En ese momento decidí sin ninguna duda de cambiar de ginecólogo, y fue lo mejor que pude hacer, es muy diferente y uno se da cuenta cuando comienza a escuchar a un especialista hablando del instinto de la mujer para parir y de cómo los doctores sólo son expectadores y vigilantes de tan hermoso proceso.
Eso fue el primer paso, mi segundo paso y uno muy acertado fue asistir a curso en Danatal, escuchar todo lo necesario, los cuidados, el proceso que pasa una mujer durante el embarazo, ejercicios, maneras de sobrellevar los síntomas, y lo más importante, tener a tu pareja a tu lado, escuchando y conociendo lo mismo que tú, instruyéndose en ejercicios para ser un elemento clave en el parto, saber qué hacer y cómo y de qué manera ayudar, todo fue maravilloso y nos unió aún más.
Dicho todo esto, mi parto fue una experiencia retadora y transformadora. Por razones médicas tuvo que ser inducido, y sí, duele mucho. Después de varios intentos de inducirme y que no lograr tener contracciones regulares ni dilatar más allá de 2 cm en 7 horas me encontraba desesperada, debido a la inducción las contracciones eran muy dolorosas, clave, me sentaba en el inodoro cada que comenzaba una contracción sólo así lograba sobrellevar el dolor, eso y la pelota, la bendita pelota. Debo decir que llegue a un punto donde ya pensaba en una cesárea, algo que me hiciera ya no sentir lo que estaba sintiendo, pero el gran equipo que tenía a mi lado (mi esposo, mi ginecólogo y su equipo) hicieron que tuviera más fuerzas. Mis contracciones fueron más regulares y al estar muy cansada solicité anestesia, me tuvieron al igual que inyectarme oxitocina debido a que la anestesia podría provocar que mis contracciones perdieran su regularidad. Mi consejo en esos momentos es, confía en tu médico, no te sientas mal por pedir anestesia si así lo necesitas, lo bueno de la anestesia que se me proporcionó es que solo inhibe el dolor de la contracción pero te permite caminar y obviamente sentir el momento de pujar y dar a luz.
Y así fue, apenas se me proporcionó la anestesia en menos de 10 min dilaté a 8cm, y en otros 5 min comencé a pujar. Definitivamente es como te dicen, hay algo que se despierta en ti, un instinto que tienes de saber cómo pujar, que posición utilizar, y te da la seguridad de que todo está bien.
Después de casi 12 hrs de labor de parto sólo tomó 30 minutos para que Manuel naciera, no hubo desgarre, ni ninguna complicación. En el momento que nació me lo dieron y comió casi instantáneamente, hubo corte tardío del cordón el cual cortó mi esposo, tuvo una revisión rápida por su pediatra y se me entregó sin volverme a separar de él, nada de cuneros, nada de baño, nada de biberones, sólo mi esposo, mi bebé y yo, no necesitaba nada más.
Sin duda la mejor experiencia, sin duda lo volvería a hacer, sin duda duele y mucho, pero apenas ves a tu bebé, apenas lo hueles y lo escuchas todo eso, créanme, todo eso vale la pena.
Por eso y más, asistan al curso psicoprofiláctico con Danatal, escojan a un ginecólogo que los apoye, guíe, brinde información y con quien se sientan seguros, escojan bien el hospital que les permita tener una experiencia única, si tienen la oportunidad aprovechen el acompañamiento de una doula.
Muchas gracias Diana y Fabi, sin ustedes no hubiera conocido a Roberto nuestro doctor, sin ustedes no tendríamos la información tan necesaria, sin ustedes no hubiera llegado a conocer lo fuerte que soy, en verdad muchas gracias.
Experiencia de nacimiento Ale Pérez y Manuel Méndez

Hace 7 semanas me convertí en mamá.

Cuando nos enteramos fue un momento de muchas emociones mezcladas, tengo que aceptar que aparte de estar muy feliz estaba también muy preocupada, ya que creía que no sabía nada acerca de tener un bebé, desde el parto hasta los cuidados básicos. Así que hice lo que estaba en mis manos; documentarme, asistir a pláticas e inscribirme a un curso psicoprofiláctico.
En su momento estaba con otro ginecólogo, que no me daba la información que buscaba acerca del parto natural, que al preguntarle si me recomendaba los cursos me decía «pues como tú quieras, no son necesarios» y usaba frases como «¿ah entonces te vas a lanzar por el parto natural?» o «Sí, sí, ya sé que lo quieres natural» yo ya no me sentía segura y todo cambió al asistir a la plática en Danatal sobre Parto Humanizado, escuchar a expertos hablando de partos, de la capacidad que tenemos las mujeres de dar a luz de manera instintiva, de nuestra flexibilidad en nuestras caderas y de los miles de mitos que surgen al rededor de un parto, de las cesáreas innecesarias y de lo importante de los cursos psicoprofilácticos así como el acompañamiento de una doula.
En ese momento decidí sin ninguna duda de cambiar de ginecólogo, y fue lo mejor que pude hacer, es muy diferente y uno se da cuenta cuando comienza a escuchar a un especialista hablando del instinto de la mujer para parir y de cómo los doctores sólo son expectadores y vigilantes de tan hermoso proceso.
Eso fue el primer paso, mi segundo paso y uno muy acertado fue asistir a curso en Danatal, escuchar todo lo necesario, los cuidados, el proceso que pasa una mujer durante el embarazo, ejercicios, maneras de sobrellevar los síntomas, y lo más importante, tener a tu pareja a tu lado, escuchando y conociendo lo mismo que tú, instruyéndose en ejercicios para ser un elemento clave en el parto, saber qué hacer y cómo y de qué manera ayudar, todo fue maravilloso y nos unió aún más.
Dicho todo esto, mi parto fue una experiencia retadora y transformadora. Por razones médicas tuvo que ser inducido, y sí, duele mucho. Después de varios intentos de inducirme y que no lograr tener contracciones regulares ni dilatar más allá de 2 cm en 7 horas me encontraba desesperada, debido a la inducción las contracciones eran muy dolorosas, clave, me sentaba en el inodoro cada que comenzaba una contracción sólo así lograba sobrellevar el dolor, eso y la pelota, la bendita pelota. Debo decir que llegue a un punto donde ya pensaba en una cesárea, algo que me hiciera ya no sentir lo que estaba sintiendo, pero el gran equipo que tenía a mi lado (mi esposo, mi ginecólogo y su equipo) hicieron que tuviera más fuerzas. Mis contracciones fueron más regulares y al estar muy cansada solicité anestesia, me tuvieron al igual que inyectarme oxitocina debido a que la anestesia podría provocar que mis contracciones perdieran su regularidad. Mi consejo en esos momentos es, confía en tu médico, no te sientas mal por pedir anestesia si así lo necesitas, lo bueno de la anestesia que se me proporcionó es que solo inhibe el dolor de la contracción pero te permite caminar y obviamente sentir el momento de pujar y dar a luz.
Y así fue, apenas se me proporcionó la anestesia en menos de 10 min dilaté a 8cm, y en otros 5 min comencé a pujar. Definitivamente es como te dicen, hay algo que se despierta en ti, un instinto que tienes de saber cómo pujar, que posición utilizar, y te da la seguridad de que todo está bien.
Después de casi 12 hrs de labor de parto sólo tomó 30 minutos para que Manuel naciera, no hubo desgarre, ni ninguna complicación. En el momento que nació me lo dieron y comió casi instantáneamente, hubo corte tardío del cordón el cual cortó mi esposo, tuvo una revisión rápida por su pediatra y se me entregó sin volverme a separar de él, nada de cuneros, nada de baño, nada de biberones, sólo mi esposo, mi bebé y yo, no necesitaba nada más.
Sin duda la mejor experiencia, sin duda lo volvería a hacer, sin duda duele y mucho, pero apenas ves a tu bebé, apenas lo hueles y lo escuchas todo eso, créanme, todo eso vale la pena.
Por eso y más, asistan al curso psicoprofiláctico con Danatal, escojan a un ginecólogo que los apoye, guíe, brinde información y con quien se sientan seguros, escojan bien el hospital que les permita tener una experiencia única, si tienen la oportunidad aprovechen el acompañamiento de una doula.
Muchas gracias Diana y Fabi, sin ustedes no hubiera conocido a Roberto nuestro doctor, sin ustedes no tendríamos la información tan necesaria, sin ustedes no hubiera llegado a conocer lo fuerte que soy, en verdad muchas gracias.
Mi Historia de Nacimiento: Bianca Ruíz.

Mi Historia de Nacimiento: Bianca Ruíz.

Eran las vísperas del 10 de Mayo, como de costumbre, las serenatas comenzaban a hacerse presentes por las calles de la colonia, nosotros habíamos terminado de arreglarlo todo, maleta, pañalera, documentos… seguía con la garganta hecha nudo y el corazón latiendo cada vez con más fuerza y como no, si apenas 4 horas atrás el médico me había inducido el parto, Mabel ya no estaba ganando peso y dejarla en mi panza ya no estaba siendo tan buena idea y aunque había tenido 40 semanas de un embarazo sin complicaciones, ahora sabía que no terminaría en el parto espontáneo que siempre imaginé, pero confiaba en Dios y en el médico que había puesto en nuestro camino casi a las 34 semanas, cuando decidimos cambiarnos de médico y buscar uno que apoyara nuestras ideas y nuestros deseos, pues después de haber escuchado un testimonio en una de las clases del curso prenatal, la chispa de un parto natural se hizo más presente que nunca.

Pasaba la medianoche y las contracciones llegaron, el médico nos dijo que esperaba que los dolores llegaran en la madrugada o al amanecer, así que en teoría estábamos listos, le hablamos a nuestra doula, le dije como empezaba a sentir el dolor en la cadera y ella me dijo que el dolor se iría intensificando y recorriendo también a la panza, que estuviéramos al pendiente de los tiempos entre una y otra, pero que a medida de lo posible, tratáramos de descansar, nada fácil para unos padres primerizos y llenos de sentimientos encontrados. En esos momentos, las contracciones no estaban siendo tan constantes y cuando llegaban aún las podía pasar acostada, me confundía el no saber cuáles serían los verdaderos dolores y cuanto faltaba para irnos al hospital que estaba en otra ciudad, casi a una hora de distancia. Las contracciones poco a poco fueron aumentando el ritmo y casi a las 4:00 de la mañana, el dolor se intensifico, entonces las posiciones comenzaron a cambiar, a veces acostada en la pelota, otras con el rebozo apretando la cadera, unas más en cuclillas, en fin, pusimos en práctica lo que aprendimos en el curso para sobrellevar el dolor, así pasamos la madrugada, que para ser honesta, me pareció que avanzo muy rápido, cuando el reloj marco las 7:00 de la mañana los dolores habían tomado su ritmo, aunque mi dolor seguía solo en la cadera, ya no era tan sencillo buscar una posición, entonces mi esposo me ayudo a entrar en la regadera, el agua caliente fue mi gran aliada, pues estuve casi una hora sintiendo como aliviaba el dolor (lo sé, nunca había gastado tanta agua en mi vida, pero valió la pena) a las 7:50 tuve un leve sangrado que daría paso a mis ganas de pujar, así que mi esposo le hablo al médico, le dijo lo que estábamos viviendo y nos pidió irnos al hospital de inmediato. Salí de la regadera, me puse la bata que había dejado lista la noche anterior, prendí mi cirio, me subí en los asientos traseros de la camioneta abrazando mi pelotay nos fuimos, no sabía cuánto, pero sí que el momento estaba más cerca, solo pedía a Dios que todo saliera bien. La carretera se llenó de contracciones, aunque eran dolorosas, las ganas de pujar eran prioridad, recuerdo que en los momentos que no había contracción platicaba con Mabel, siempre le dije que cuando llegará el día de su nacimiento todos seríamos un equipo y ahora el equipo estaba entrando en acción. Después de mil semáforos en rojo y tránsito por toda la ciudad, llegamos al hospital a las 9:00 de la mañana, mi esposo haciendo los trámites de ingreso y yo caminando por el lobby, en ese momento, el Director del hospital se me acercó y me pregunto ¿Usted trae contracciones verdad? Le dije que sí y tuve que agarrarme del cancel de la puerta de ingreso mientras pasaba la contracción, me dijo que él era ginecólogo y después me hizo un par de preguntas, yo le resumí lo que había estado viviendo desde la noche anterior, me pidió que lo acompañara a la sala de expulsivo mientras mi esposo terminaba los trámites así que me fui con él, subimos el elevador y a la mitad del pasillo, una contracción más, esta vez grite y creo que muy fuerte porque horas después mi esposo me dijo que se había escuchado en todo el hospital, entonces le pidió a la enfermera que le preparara medicamento, sin embargo le dije que no quería que me pusieran nada. Llegamos a la habitación que estaba junto a la sala de expulsivo, me dijo que necesitabaquitarme la bata que traía y me pusiera la del hospital y salió cerrando la puerta, segundos después una contracción más, un grito más que le hizo regresar a decirme que necesitaba revisarme, lo hizo y me dijo: “Usted ya está completa ¿Dónde está su médico?” Le dije que estaba por llegar, las enfermeras me ayudaron a ponerme la bata del hospital, camine 5 pasos y me detuve al entrar a la sala de expulsivo, entonces vi llegar a mi médico terminándose de cambiar, llego poniéndome el monitor para revisar los signos vitales de Mabel, sin embargo, el tiempo se estaba viniendo encima, me pregunto a qué hora se me había roto la fuente y a pesar de lo pendiente que había estado de todo, no me di cuenta del momento exacto, pero seguramente había sido minutos antes, cuando en la habitación de al lado, comencé a ver agua con un poco de sangre cayendo al piso, segundos después llegaba mi doulay era cierto, la tranquilidad que con su sola presencia me pudo transmitir fue increíble porque llego la última contracción, yo seguía de pie, las almohadas y sabanas debajo de mí estaban listas para recibir a Mabel, entonces puje, pero esta vez el grito se prolongó unos segundo más, el reloj marcaba las 9:16 de la mañana y fue en ese momento que MABEL NACIA, mi médico la cachaba (literal), respire, baje la mirada y la vi, el momento había llegado. Minutos después me ayudaron a acostar en la cama, pero ahora con Mabel en mi pecho, sintiendo su pequeñito cuerpo y su agitada respiración, el contacto piel con piel fue mi momento perfecto.

Mi doula a mi derecha, mi médico frente a mí, mi esposo del otro lado, Mabel y yo acostadas, ahora esperábamos la salida de la placenta para cerrar el ciclo de un parto exitoso, ellos seguían respetando mi tiempo, mi espacio, mi ritmo, yo estaba tranquila, relajada y feliz, la noche anterior había quedado en el olvido y ahora miraba a las personas que tenía a mi alrededor y me di cuenta que hicimos un gran trabajo. Sé que el haber tenido a las personas correctas a mi lado me llevo a tener un parto respetado y humanizado y eso es algo que agradezco infinitamente, primeramente a Dios por haber puesto a Danatal en nuestro camino, pues sin duda el aprendizaje que nos transmitieron fue un parteaguas en nuestras vidas y fue ese aprendizaje lo que nos permitió empoderarnos aun en los momentos que no esperamos.

Y no quisiera terminar esta historia sin agradecerle a mi cuerpo por la gran labor que hizo y que sigue haciendo, ahora 2 meses después me siento maravillada al contemplar cada acción que pude vivir, ahora me ha tocado cuidarlo y apapacharlo en un purperio que tampoco fue fácil, pero esa ya es otra historia no?

Sin duda, me quedo con lo que en una de las clases dijo Fabiola, “El parto también se vive entre las dos orejas” y sé que eso, es totalmente cierto.

 

El nacimiento de Maria René

El nacimiento de Maria René

La semana pasada, por esta misma hora tuve una Epifanía, una revelación acerca de mi futuro, pero que sólo era posible gracias a las experiencias del pasado.

La semana pasada una personita de 3 kilos me ayudo a reconciliarme con mi historia, con el dolor físico, con ese pedazo de tiempo que me robaron.

La vida me llevo a reencontrar mi camino y mi luz y a todos esos ángeles que estuvieron la semana pasada ayudándome (cada uno a su manera) a dar a luz.

Mi madre que estuvo presente y se comportó como la dama que es, me brindo apoyo, serenidad y certeza; mi médico Roberto Moreno al que hoy veo casi como un amigo hizo el mejor trabajo al dejarme hacer lo que mi instinto y mi cuerpo tenían que hacer, al ser paciente y respetuoso.

Mi fotógrafa Nancy Farfán que en momentos fue mi Doula y mi porrista

Mi Doula, Diana, que con tu gentileza y empatía lograste conectar en mi el sentido del dolor y ayudarme a fluir.

Y por último aunque no menos importante m Edgar El amor de mi vida. Por haberme empujado a vivir esta experiencia, por haber creído que podía y por cargarme también en mis momentos de dolor. Gracias por hacerme madre de dos hermosas criaturas.

Nuestra aventura apenas empieza y estoy segura que como en cada una de las experiencias que hemos emprendido estará rodeada de la luz y la buena vibra de Glafiras, Robertos, Dianas y Nancys.

Cuando creía que no te podía amar más. María René me miro a los ojos!!!

(Foto dedicada a todos los médicos que dicen que después de una cesárea en menos de 2 años no se puede tener un parto vaginal…..pues esto opina María René, jejejeje)

Ivette Palacios
mamá de María René y de Matías
Brenda y Rene

Brenda y Rene

LA LLEGADA DE DARÍO, UN BEBÉ MUY ESPERADO

Todo comenzó el lunes 16 de junio del 2014 cuando después de sentir el estrés y agobio por más de una semana, de mucha gente que preguntaba, ¿ya nació Darío? ¿No tendría que haber ya nacido tu bebé? ¿Hasta cuándo va a llegar Darío? Y así una serie de preguntas y comentarios que me hacían sentir que el momento no llegaría JAMAS, por fin ese lunes inició está hermosa e inolvidable experiencia.

Eran las 8 a.m. cuando sentí lo que sería mi primer contracción, que en ese momento llamé «un ligero cólico», pero que a los 10 minutos volví a sentir y de ahí no cesaron en tiempo ni intensidad hasta 24 horas después y que no había duda, eran mis contracciones.

René (mi esposo) y yo habíamos tenido 2 pérdidas anteriores (una hace 5 y otra hace 1 año y medio) de 2 embarazos que no pasaban de las 8 semanas y que ningún médico ni ningún estudio explicaba porqué sucedían. Cuando comenzamos a replantearnos la paternidad e incluso llegué a tratar de convencerme de que la maternidad no era para mi, ya que siendo sana, estando en mi entender, en una edad perfecta para ser madre, no podía serlo y parecía que hiciera lo que hiciera y aunque todos los estudios indicaban que los 2 estábamos perfectamente saludables, no podríamos lograrlo, fue entonces cuando ya sin planearlo, como en las ocasiones anteriores y sin esperarlo pero si deseándolo con todas nuestras fuerzas, recibí la noticia de que ESTABA EMBARAZADA!!!!!

La noticia fue hermosa, aunque por dentro no queríamos hacernos tantas ilusiones, por obvias razones. Intentamos conservar la calma y dejar que pasaran las primeras semanas para ver como transcurría todo. Finalmente pasamos la semana 8 y sin ninguna complicación!!!! como en las otras ocasiones (que desde la semana 4 comenzaban los sangrados y hospitalizaciones), así que empezamos a sentir que esta vez todo sería diferente y afortunadamente así fue.

Transcurrían las semanas y ahora con «la cuestión» que nos enfrentábamos era el encontrar al ginecolog@ ideal, ya que desde siempre mi deseo ha sido parir en conciencia, sin anestesia, tener un parto humanizado y con alguien con quien me sintiera cómoda, escuchada, entendida. Parecía una utopia, hasta que después de ir con algun@s ginecolog@s conocimos a Giovanna y fue un alivio enorme sentir, desde la primer consulta, que ella sería la encargada de recibir a Darío, no había duda, ya que me sentí en total libertad, superó todas mis expectativas y sin pensarlo más, saliendo de la consulta, René y yo volteamos a vernos y dijimos «ella es la indicada, va».

Ya tenía 5 meses de embarazo cuando llegamos con ella, pero yo me sentía de alguna manera tranquila, ya que siempre supe que encontraría lo que estaba buscando y mi instinto tenía razón, así fue.

A partir de ahí todo fluyó excelente, conectamos súper bien, siempre atenta, todo el tiempo contestando mis dudas, al pendiente de nosotros, tranquilizándome, en fin mejor, imposible.

Y como comencé diciendo, llegó el 16 de junio y la odisea comenzó, después de algunas horas de sentir lo que supe era mi trabajo de parto, le llamé a Giovanna para hacérselo saber y como lo habíamos hablado, me dijo que tratara de pasar el mayor tiempo en casa, intentara dormir (lo que fue prácticamente imposible), ver una película, caminar, etc., y que una vez que estuvieran bien establecidas las contracciones y como lo aprendimos en el curso psicoprofiláctico y lo platicamos con ella, fueran cada 3 minutos y duraran 1 minuto entre una y otra, entonces si, era momento de irnos al hospital. Fue hasta las 4 de la madrugada del martes 17 de junio, que nos vimos en el hospital (después de hablar un par de veces y estar súper al pendiente por el whatsapp), pero no sin antes pasar por la aventura de que en el camino se nos ponchara una llanta y nos perdiéramos por casi 5 minutos tratando de encontrar el hospital. Al fin llegamos, Giovanna me revisó y ya tenía 7 de dilatación, por lo que en lo que René hizo todo el papeleo, ella le llamó a Nayeli mi doula, al pediatra y comenzó con los preparativos para el gran momento y para lo que yo tanto había trabajado (leer, yoga prenatal, psicoprofilácticos) y esperado, la llegada AL FIN de mi bebé, mi amado y tan deseado bebé, Darío.

Pasamos aproximadamente 2 horas en el cuarto trabajando y viviendo cada contracción, René, Nayeli, yo, mientras Giovana permanecía al pendiente y siendo testigo de la escena. Recuerdo muy bien que afuera comenzó a caer una gran tormenta y entonces me dijo Giovanna que era hora de irnos a la tina. Cuando llegamos y me metí, sentí un gran alivio y confort a las sensaciones (por no llamarle dolor), que había sentido durante muchas horas ya. Mi música, incienso, luz tenue y la complicidad de los que estábamos en la sala, así como la llegada de mi mamá (una hora más tarde), fueron los elementos claves, mágicos, místicos, maravillosos e inolvidables, que me acompañaron (y recordaré por siempre), hasta que después de muchos pujidos, agotamiento e incluso llegar a pensar que no lo lograría (pero que mi amado esposo y Giovanna me dieron las fuerzas para continuar y sentirme poderosa) y pensar que llevaba horas ahí (pero que realmente ni 2 habían transcurrido), que llegó ese glorioso momento en el que tuve por primera vez a Darío en mi pecho, entre mis brazos y con una paz y ternura que nunca había experimentado, mi hermoso bebé al fin estaba con nosotros, nos miró a René y a mi, nos sonrió, nos besamos en uno de los actos más grandes de amor que una pareja puede sentir y que sin duda alguna, es de los mejores momentos de mi vida.

Estaré siempre agradecida con el universo, con Dios, con la vida, por permitirme sentir esta gran dicha de ser madre, por supuesto con mi compañero de viaje, el amor de mi vida, mi amado esposo René, con mi mamá por darme siempre su apoyo, amor y fuerzas para lograrlo, con Giovanna mi excelente ginecóloga, con Nayeli mi doula, y a DANATAL gracias por todo su apoyo.

Brenda Gómez
mamá de Darío