Hace 7 semanas me convertí en mamá.

Cuando nos enteramos fue un momento de muchas emociones mezcladas, tengo que aceptar que además de estar muy feliz estaba también muy preocupada, ya que creía que no sabía nada acerca de tener un bebé, desde el parto hasta los cuidados básicos. Así que hice lo que estaba en mis manos: documentarme, asistir a pláticas e inscribirme a un curso psicoprofiláctico.

En su momento estaba con otro ginecólogo, que no me daba la información que buscaba acerca del parto natural, que al preguntarle si me recomendaba los cursos me decía «pues como tú quieras, no son necesarios» y usaba frases como «¿ah, entonces te vas a lanzar por el parto natural?» o «Sí, sí, ya sé que lo quieres natural»…

Yo ya no me sentía segura y todo cambió al asistir a una plática sobre Parto Humanizado, escuchar a médicos expertos hablando de partos, de la capacidad que tenemos las mujeres, también expertas, de dar a luz de manera instintiva, de nuestra flexibilidad en nuestras caderas y de los miles de mitos que surgen al rededor de un parto, de las cesáreas innecesarias y de lo importante de los cursos psicoprofilácticos así como el acompañamiento de una doula.

En ese momento decidí sin ninguna duda de cambiar de ginecólogo, y fue lo mejor que pude hacer, es muy diferente y uno se da cuenta cuando comienza a escuchar a un especialista hablando del instinto de la mujer para parir y de cómo los doctores sólo son expectadores y vigilantes de tan hermoso proceso.

Eso fue el primer paso, mi segundo paso y uno muy acertado fue asistir a curso psicoprofiláctico, escuchar todo lo necesario, los cuidados, el proceso que pasa una mujer durante el embarazo, ejercicios, maneras de sobrellevar los síntomas, y lo más importante, tener a tu pareja a tu lado, escuchando y conociendo lo mismo que tú, instruyéndose en ejercicios para ser un elemento clave en el parto, saber qué hacer y cómo y de qué manera ayudar, todo fue maravilloso y nos unió aún más.

Dicho todo esto, mi parto fue una experiencia retadora y transformadora. Por razones médicas tuvo que ser inducido, y sí, duele mucho.

Después de varios intentos de inducirme y que no lograr tener contracciones regulares ni dilatar más allá de 2 cm en 7 horas, me encontraba desesperada, creo que debido a la inducción las contracciones eran muy dolorosas: clave, me sentaba en el inodoro cada que comenzaba una contracción y sólo así lograba sobrellevar el dolor, eso y la pelota, la bendita pelota.

Debo decir que llegue a un punto donde ya pensaba en una cesárea, algo que me hiciera ya no sentir lo que estaba sintiendo, pero el gran equipo que tenía a mi lado (mi esposo, mi ginecólogo y su equipo) hicieron que tuviera más fuerzas.

Mis contracciones fueron más regulares y al estar muy cansada solicité mi merecida anestesia; también me canalizaron con oxitocina para que las contracciones se regularizaran.

Mi consejo en esos momentos es
: confía en tu médico, no te sientas mal ni culpable por pedir anestesia si la necesitas… la peridural me bajó el dolor de la contracción, pero la dosis fue menor entonces aún podía caminar y obviamente sentir el momento de pujar y dar a luz.

Y así fue… apenas se me proporcionó la anestesia, en menos de 10 min dilaté a 8cm, y en otros 5 min comencé a pujar.

Definitivamente es como te dice hay algo que se despierta en ti, un instinto que tienes de saber cómo pujar, que posición utilizar, y te da la seguridad de que todo está bien.

Después de casi 12 hrs de labor de parto sólo tomó 30 minutos para que Manuel naciera, no hubo desgarre, ni ninguna complicación.

En el momento que nació me lo dieron y comió casi instantáneamente, hubo corte tardío del cordón el cual cortó mi esposo, tuvo una revisión rápida por su pediatra y se me entregó sin volverme a separar de él, nada de cuneros, nada de baño, nada de biberones, sólo mi esposo, mi bebé y yo, no necesitaba nada más.

Sin duda la mejor experiencia, sin duda lo volvería a hacer, sin duda duele y mucho, pero apenas ves a tu bebé, apenas lo hueles y lo escuchas todo eso, créanme, todo eso vale la pena.

Por eso y más, asistan a un curso psicoprofiláctico que se ajuste a tus expectativas, escojan a un ginecólogo que los apoye, guíe, brinde información y con quien se sientan seguros, escojan bien el hospital que les permita tener una experiencia única, si tienen la oportunidad aprovechen el acompañamiento de una doula.

Muchas gracias Danatal, sin ustedes no hubiera conocido a nuestro doctor, sin ustedes no tendríamos la información tan necesaria, sin ustedes no hubiera llegado a conocer lo fuerte que soy, en verdad muchas gracias.

Alejandra Perez, Julio 2018