LA LLEGADA DE DARÍO, UN BEBÉ MUY ESPERADO

Todo comenzó el lunes 16 de junio del 2014 cuando después de sentir el estrés y agobio por más de una semana, de mucha gente que preguntaba, ¿ya nació Darío? ¿No tendría que haber ya nacido tu bebé? ¿Hasta cuándo va a llegar Darío? Y así una serie de preguntas y comentarios que me hacían sentir que el momento no llegaría JAMAS, por fin ese lunes inició está hermosa e inolvidable experiencia.

Eran las 8 a.m. cuando sentí lo que sería mi primer contracción, que en ese momento llamé «un ligero cólico», pero que a los 10 minutos volví a sentir y de ahí no cesaron en tiempo ni intensidad hasta 24 horas después y que no había duda, eran mis contracciones.

René (mi esposo) y yo habíamos tenido 2 pérdidas anteriores (una hace 5 y otra hace 1 año y medio) de 2 embarazos que no pasaban de las 8 semanas y que ningún médico ni ningún estudio explicaba porqué sucedían. Cuando comenzamos a replantearnos la paternidad e incluso llegué a tratar de convencerme de que la maternidad no era para mi, ya que siendo sana, estando en mi entender, en una edad perfecta para ser madre, no podía serlo y parecía que hiciera lo que hiciera y aunque todos los estudios indicaban que los 2 estábamos perfectamente saludables, no podríamos lograrlo, fue entonces cuando ya sin planearlo, como en las ocasiones anteriores y sin esperarlo pero si deseándolo con todas nuestras fuerzas, recibí la noticia de que ESTABA EMBARAZADA!!!!!

La noticia fue hermosa, aunque por dentro no queríamos hacernos tantas ilusiones, por obvias razones. Intentamos conservar la calma y dejar que pasaran las primeras semanas para ver como transcurría todo. Finalmente pasamos la semana 8 y sin ninguna complicación!!!! como en las otras ocasiones (que desde la semana 4 comenzaban los sangrados y hospitalizaciones), así que empezamos a sentir que esta vez todo sería diferente y afortunadamente así fue.

Transcurrían las semanas y ahora con «la cuestión» que nos enfrentábamos era el encontrar al ginecolog@ ideal, ya que desde siempre mi deseo ha sido parir en conciencia, sin anestesia, tener un parto humanizado y con alguien con quien me sintiera cómoda, escuchada, entendida. Parecía una utopia, hasta que después de ir con algun@s ginecolog@s conocimos a Giovanna y fue un alivio enorme sentir, desde la primer consulta, que ella sería la encargada de recibir a Darío, no había duda, ya que me sentí en total libertad, superó todas mis expectativas y sin pensarlo más, saliendo de la consulta, René y yo volteamos a vernos y dijimos «ella es la indicada, va».

Ya tenía 5 meses de embarazo cuando llegamos con ella, pero yo me sentía de alguna manera tranquila, ya que siempre supe que encontraría lo que estaba buscando y mi instinto tenía razón, así fue.

A partir de ahí todo fluyó excelente, conectamos súper bien, siempre atenta, todo el tiempo contestando mis dudas, al pendiente de nosotros, tranquilizándome, en fin mejor, imposible.

Y como comencé diciendo, llegó el 16 de junio y la odisea comenzó, después de algunas horas de sentir lo que supe era mi trabajo de parto, le llamé a Giovanna para hacérselo saber y como lo habíamos hablado, me dijo que tratara de pasar el mayor tiempo en casa, intentara dormir (lo que fue prácticamente imposible), ver una película, caminar, etc., y que una vez que estuvieran bien establecidas las contracciones y como lo aprendimos en el curso psicoprofiláctico y lo platicamos con ella, fueran cada 3 minutos y duraran 1 minuto entre una y otra, entonces si, era momento de irnos al hospital. Fue hasta las 4 de la madrugada del martes 17 de junio, que nos vimos en el hospital (después de hablar un par de veces y estar súper al pendiente por el whatsapp), pero no sin antes pasar por la aventura de que en el camino se nos ponchara una llanta y nos perdiéramos por casi 5 minutos tratando de encontrar el hospital. Al fin llegamos, Giovanna me revisó y ya tenía 7 de dilatación, por lo que en lo que René hizo todo el papeleo, ella le llamó a Nayeli mi doula, al pediatra y comenzó con los preparativos para el gran momento y para lo que yo tanto había trabajado (leer, yoga prenatal, psicoprofilácticos) y esperado, la llegada AL FIN de mi bebé, mi amado y tan deseado bebé, Darío.

Pasamos aproximadamente 2 horas en el cuarto trabajando y viviendo cada contracción, René, Nayeli, yo, mientras Giovana permanecía al pendiente y siendo testigo de la escena. Recuerdo muy bien que afuera comenzó a caer una gran tormenta y entonces me dijo Giovanna que era hora de irnos a la tina. Cuando llegamos y me metí, sentí un gran alivio y confort a las sensaciones (por no llamarle dolor), que había sentido durante muchas horas ya. Mi música, incienso, luz tenue y la complicidad de los que estábamos en la sala, así como la llegada de mi mamá (una hora más tarde), fueron los elementos claves, mágicos, místicos, maravillosos e inolvidables, que me acompañaron (y recordaré por siempre), hasta que después de muchos pujidos, agotamiento e incluso llegar a pensar que no lo lograría (pero que mi amado esposo y Giovanna me dieron las fuerzas para continuar y sentirme poderosa) y pensar que llevaba horas ahí (pero que realmente ni 2 habían transcurrido), que llegó ese glorioso momento en el que tuve por primera vez a Darío en mi pecho, entre mis brazos y con una paz y ternura que nunca había experimentado, mi hermoso bebé al fin estaba con nosotros, nos miró a René y a mi, nos sonrió, nos besamos en uno de los actos más grandes de amor que una pareja puede sentir y que sin duda alguna, es de los mejores momentos de mi vida.

Estaré siempre agradecida con el universo, con Dios, con la vida, por permitirme sentir esta gran dicha de ser madre, por supuesto con mi compañero de viaje, el amor de mi vida, mi amado esposo René, con mi mamá por darme siempre su apoyo, amor y fuerzas para lograrlo, con Giovanna mi excelente ginecóloga, con Nayeli mi doula, y a DANATAL gracias por todo su apoyo.

Brenda Gómez
mamá de Darío